Capitana Vanessita XXIII

Me compré el Star Traders: Frontiers por recomendaciones algorítmicas. “Si te gusta Oxygen Not IncludedStellaris Darkest Dungeon“, sugería la máquina. Tremendísima combinación de juegos, todos buenísimos y cero relación entre los géneros. La cosa es que le eché un ojo a la descripción de Steam y a las críticas y lo que prometía era mucho.

Muy resumido, Star Traders: Frontiers (STF a partir de ahora) te pone al mando de una capitana espacial en una galaxia viva, llena de facciones que se odian, contratos que caducan y consecuencias que no se olvidan. Es denso, poco amigable y claramente de nicho, pero lo que me gusta a mí aprender a golpe de permadeath y tomar decisiones con peso real… eso no tiene nombre. Cabe señalar que los que prefieran una experiencia más relajada y de exploración, tienen la opción de jugar sin la mencionada penalización capital.

Aquí hay decenas de horas de intriga, comercio, traiciones y viajes más largos de lo que planeabas. Te puedes tirar horas planeando cada detalle de tu tripulación o lanzarte al espacio con lo puesto y lo mejor de STF es que no intenta salvarte: puedes arruinar una campaña en horas si no entiendes sus sistemas, pero cuando encajan, la sensación de estar viviendo tu propia space opera es deliciosa.

Dicho esto, esta es Vanessita XXIII. Ha muerto. La enviaron a recoger unos cubos cuánticos a un sistema hostil y, en lugar de forzar un encuentro en mi propia nave decidí ir al salón de especias para no insultar a mis anfitriones. Allí esperaban unos mercenarios que le tendieron una emboscada y, Vanessita XXIII, no estando preparada para el combate mano a mano, pereció miserablemente.